mar 3, 2012 - Recetas    No Comments

Soya en salsa de cacahuate

Después de mucho tiempo de no tocar la cocina para prepararme algún platillo vegano, ahora estoy reanudando mi paso en este mundo libre de crueldad. Ha sido difícil y ya hablaré sobre ese proceso fuera de la alimentación, pero en este momento quiero anotar esta receta que me ha quedado riquísima.

Toda la preparación y los ingredientes los tomé del libro llamado “Recetario Mexicano Vegetariano”, de Ana María Sanchez. Lo compré en la tienda Soriana por alrededor de 40 pesos, bastante accesible de precio comparado con la ayuda enorme que me ha dado para preparar o veganizar platillos.

Debido a mi falta de tiempo para prepararme diario una comida diferente, generalmente cocino una porción para que me dure hasta una semana, entonces los ingredientes que pondré a continuacón están pensados para esos periodos de hibernación. Ahora continúo:

Ingredientes

Para la hidratación de la soya:

  • 200 grs. de soya texturizada;
  • 1 pedazo de cebolla (un cuarto más o menos);
  • 1 hoja de laurel;
  • 1 diente de ajo;
  • 2 1/2 cucharadas de sal y
  • 3 tazas de agua.

Para la salsa:

  • 3 jitomates sin semillas;
  • 1 cebolla cortada en trozos (no es necesario corte fino);
  • 1 diente de ajo;
  • 1 ramita de canela (muy poco en realidad, unos 7 cm máximo)
  • 1/2 taza de cacahuates sin cáscara, pelados y sin sal -como los que comen los pericos-;
  • 1 pizca de pimienta negra molida (originalmente viene con pimienta gorda pero no sé dónde conseguirla) y
  • 2 tazas de agua.

Preparación

Hidratar la soya

Para este proceso me basé en un comentario en un blog de cocina de una mujer que muy amablemente compartió la forma en que aprendió a hidratar la soya.  Detallo lo que yo hice:

Poner a hervir en un recipiente 3 tazas de agua con el laurel, la cebolla, el ajo y la sal. Quiero insistir con usar únicamente una hoja de laurel, porque en verdad el sabor que deja en la soya es muy fuerte, al menos para esta porción de soya. Los resultados de las pruebas que hice en mi laboratorio culinario arrojaron que usar cinco hojas de laurel es un exceso, la carne sabe a laurel y  es imposible comerla así;  aun dos hojas de laurel dejan un sabor penetrante e incómodo al paladar; sólo una hoja es suficiente para dejar el saborcito rico sin molestias. Cuando suelte el hervor, vaciar toda la soya despacio uniformemente en el recipiente con agua. Después dejar a fuego lento unos 10 minutos mientras la soya se hidrata. Después vaciar en un recipiente con hoyitos para dejar enfriar y posteriormente exprimir la soya. Después enjuagar con agua fría para quitar el polvito que suelta cuando hierve y que a veces hace que la soya quede con un sabor desagradable al combinarla con los demás ingredientes.

Si no se va a preparar en el instante se puede almacenar en un recipiente en el refrigerador para usarla después.

Preparar la carne de soya

Freir ligeramente la carne de soya en una sartén y agregarla a una olla con las tazas de agua. Después se deja a hervir.

Preparar la salsa

En una sartén poner un poco de aceite (la receta orginal usa 8 cucharadas) y agregar la cebolla, el ajo, la canela y la pimienta; revolver a fuego medio hasta que la cebolla tome un color transparente. Poner en la licuadora la mezcla de la sartén y agregar los cacahuates y los jitomates. Licuar hasta que todos los ingredientes se hayan mezclado y no se distingan bolas o grumos.

Cuando la salsa esté lista añadirla a la olla con la carne. Agregar un poquito de sal y dejar a fuego lento durante 30 minutos. Yo rectifiqué el sabor hasta el final y le hizo falta un poco de sal. Para que quede riquísimo, a mitad de la cocción habrá que rectificar el sabor y agregar un poco de sal si es necesario.

¡Listo! Yo la comí con un poco de esa salsa que la mayoría de las taquerías ofrecen, creo que es de árbol, y quedó muy rica. Quizá con un poco de chipotle también quede muy buena.

Provecho.

feb 26, 2011 - Ideas    No Comments

Rutina, método infalible para romper rutinas

Hace ya bastante tiempo, he descubierto en mí una sensación que me estresa, porque me hace pensar que tengo muchas cosas por hacer en el día y me genera mucha ansiedad. Le atribuyo este malestar a la manía que me ha dado por no desperdiciar el tiempo ni mis recursos, tanto físicos como mentales. Tampoco puedo descartar como culpable a ese afán mío de pensar, contradecir o reafirmar cada comportamiento o idea sospechosos de no ser genuinos, hayan sido tomados de las tradiciones, costumbres, modas o creencias arraigadas en esta sociedad, que no acepta diferencias únicas entre sus miembros ─hablo de la originalidad, llamada con frecuencia rareza cuando alguien se atreve a expresarla─ y en la que, a veces, ineludiblemente debo convivir.

Desde la acción más automática, hasta el pensamiento más complejo que puedo realizar, vivo siempre retándome: si tomo el cubierto con la mano derecha, ahora lo haré con la izquierda; si inicio mi caminar con el pie derecho, ahora lo haré con el izquierdo; si escribo con la mano derecha, hoy lo haré con la izquierda; si no puedo resolver una ecuación, me rodeo de libros de matemáticas hasta encontrar inidicios de cómo resolverla; si no puedo ejecutar un patrón de percusión, cada momento del día realizo ejercicios para desarrollar la coordinación e independencia de mis pies y manos. La cuestión es que hoy mi vida es una zona de alto riesgo, mucha presión y ciertamente con muy pocos resultados que me hagan sentir satisfecho.

Aquel libro, Manual de Creatividad, dejó la primera idea para plantear la solución con la que pretendo arreglar esta sensación. No dudo que esos pequeños retos puedan servirme de algo, pero en este momento debo dejar la mayoría de ellos. Ocupan mi atención, atrofian pensamientos más relevantes y dificultan mi concentración, los cuales debería estar enfocando en lo importante: mi desarrollo personal, emocional y creativo.

Una vida sin rutinas, aparentemente, podría ser causa importante de decesos prematuros. Todo el tiempo con la sensación de intranquilidad, de no tener descanso; siempre de un lugar a otro. Creo que el establecerse en un sitio es una cuestión de natura humana y, siguiendo esa línea de pensamiento, las rutinas son nuestro mecanismo de defensa contra esas tempestades, las que a menudo aparecen en nuestra vida y que es posible que alguna vez nos hagan empezar de nuevo, tocar fondo.

Por el contrario, pareciera que en estos tiempos, declarar abiertamente que vivimos entre rutinas es como suicidarse ante a la sociedad ─la que explico en el primer párrafo─. Es uno de los temas a tratar en el cotilleo habitual de las plazas, cafés y azoteas de esta ciudad. Ahora que lo veo desde otra perspectiva, creo que el problema en realidad no es el problema: la rutina no es mala por ser rutina; es la desidia que no nos anima a actualizarla. ¿Por qué, en lugar de salir del trabajo y dirigirse directamente a casa, cenar y dormir, no paramos en un parque ─o cualquier lugar despejado al cielo, como nuestro mismo patio─,  platicamos, escuchamos, y conocemos lo que le importa a las personas que nos importan? O también ¿Por qué no escuchamos al corazón y hacemos lo que manda, eso que queremos hacer y que siempre dejamos para después? Será personal eso que a cada alma le venga en gana realizar, pero suena a una bonita rutina para los viernes. Después de todo, escuchar al corazón es, quizás, lo que menos se acostumbra en este mundo, en donde las malas rutinas nos programaron una respuesta casi automática para cuando se trata de pensar en lo que realmente vale la pena: “No tengo tiempo”.

El éxito de una buena rutina está en lo que se le quiera dejar. Si detalles como la hora de levantarse, de comer, de bañarse, o de leer un libro, los entegamos a estas rutinas, y dirijimos los esfuerzos hacia el desarrollo de las ideas y pensamientos que nos hacen ser lo que somos y que seguramente serán parte de lo que seremos, quiero pensar que mucha de la tranquilidad que buscamos podría asomarse pronto a nuestra vida. La palabra clave en toda esta situación, mi situación personal, es organización.  Hay una teoría aplicada a la administración de procesos que asegura que, si uno de éstos presenta muchos inconvenientes, al encontrar la solución a un solo problema, generalmente y casi por arte de magia, los demás también se solucionan. El detalle está en encontrar esa pequeña panacea; y creo que ya he dado con ella ─mientras escribo estas líneas, dibujo en mi cara una sutil, pero provocadora sonrisa─.

Haré una lista de los pendientes reales que debo resolver por ahora. Lo demás, quedará para la rutina.

¡Estoy emocionado!

feb 14, 2011 - Ideas    No Comments

Usa protector solar

¡Cuántos “consejos” escuché en este video! Demasiados para recordarlos todos, pero entendí que vivir en este mundo es tan complicado y, a la vez, tan excitante, y no permito a esa adrenalina fluir dentro de mí porque le pongo obstáculos, ya sean físicos, emocionales o en forma de paradigmas sociales.

La decisión que tome hoy sobre mí, mi cuerpo y todo lo que soy, ineludiblemente tendrá consecuencias mañana. Lo importante es que estoy dispuesto a correr ese riesgo, porque no sé exactamente cuándo dejaré de respirar, pero sí puedo controlar el tiempo que dure cada suspiro. La vida se irá con todos ellos. No le importa lo que hice o dejé de hacer mientras cada partícula de aire entraba a mi cuerpo. Por eso, prefiero hacer, aunque a veces pueda terminar deshaciendo, que no hacer nada y perderme entre lo que fue, no fue y pude hacer y ser en esta vida. Mi vida.

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